Por Angélica Cuns | Neuropsicóloga
“Se lo he explicado cinco veces… ¿por qué parece que no me escucha?”
Le pides que se vista y, diez minutos después, sigue jugando.
Empieza la tarea, pero cualquier ruido lo distrae. Pierde los lápices, olvida dónde dejó el cuaderno y necesita que estés recordándole constantemente qué tiene que hacer.
En el colegio te dicen que “tiene capacidad, pero no termina los trabajos”, “se distrae demasiado” o “debe esforzarse un poco más”.
Y en casa empiezas a preguntarte:
¿No quiere hacerlo o realmente le cuesta hacerlo?
Cuando un niño presenta TDAH, muchas de estas conductas no tienen que ver simplemente con falta de interés, mala crianza o desobediencia. Detrás pueden existir dificultades para regular la atención, controlar impulsos, organizarse, recordar instrucciones y manejar sus emociones.
Comprender esta diferencia puede cambiar por completo la manera en que acompañamos al niño.
¿Qué es realmente el TDAH?
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo.
Aunque solemos asociarlo con niños que “no prestan atención” o que “no pueden quedarse quietos”, el TDAH es mucho más complejo.
Puede afectar diferentes procesos relacionados con las funciones ejecutivas, ese conjunto de habilidades que utilizamos para organizar y dirigir nuestra conducta hacia una meta.
Gracias a ellas podemos:
- Mantener la atención.
- Recordar lo que tenemos que hacer.
- Controlar impulsos.
- Organizar nuestras actividades.
- Planificar.
- Manejar el tiempo.
- Cambiar de estrategia cuando algo no funciona.
- Regular nuestras emociones.
Por eso, un niño con TDAH puede saber perfectamente qué tiene que hacer y, aun así, tener dificultades para llevarlo a cabo de manera consistente.
Algunas señales que podemos observar
Un niño con dificultades compatibles con TDAH puede:
- Distraerse fácilmente.
- Cometer errores por descuido.
- Tener dificultad para terminar lo que comienza.
- Olvidar instrucciones o actividades.
- Perder útiles escolares, juguetes u objetos personales.
- Necesitar recordatorios constantes.
- Tener dificultades para organizar tareas.
- Evitar actividades que requieren esfuerzo mental sostenido.
- Interrumpir conversaciones.
- Actuar antes de pensar.
- Tener dificultad para esperar.
- Moverse constantemente en situaciones donde debería permanecer sentado.
- Presentar baja tolerancia a la frustración.
- Reaccionar emocionalmente con mucha intensidad.
Sin embargo, presentar algunas de estas conductas no significa automáticamente que un niño tenga TDAH.
Todos los niños pueden distraerse, olvidar cosas, frustrarse o actuar impulsivamente en determinados momentos.
Lo importante es observar la frecuencia, intensidad, persistencia y cuánto interfieren estas dificultades en su funcionamiento cotidiano.
¿Qué pueden hacer los padres en casa?
Mientras buscamos comprender qué ocurre, existen pequeños cambios que pueden facilitar mucho el día a día.
- Da una instrucción a la vez
Los niños con tdah tienen dificultad en la memoria de trabajo por ello les cuesta almacenar mucha información al mismo tiempo, puedes ayudarlo dando instrucciones de poco a poco.
Primero guarda los zapatos, luego guarda la mochila en el armario antes de sentarnos a comer.
Reducir la cantidad de información facilita que pueda mantenerla en su memoria de trabajo.
- Anticipa lo que va a ocurrir
Los cambios inesperados pueden generar resistencia.
Puedes decir:
En diez minutos terminamos de jugar y comenzamos la tarea.
Después: “Nos quedan cinco minutos”.
La anticipación ayuda al cerebro a prepararse para cambiar de actividad.
- Haz visible lo que necesita recordar
No todo tiene que depender de su memoria.
Utiliza horarios, listas, calendarios, rutinas visuales o pequeños recordatorios.
Lo que está afuera de la cabeza no necesita mantenerse todo el tiempo dentro de ella.
- Divide las tareas grandes
“Haz toda la tarea” puede resultar abrumador.
Es mejor dividirla:
Primero: matemáticas.
Después: descanso breve.
Luego: lectura.
Una meta pequeña y concreta es mucho más fácil de iniciar.
- Refuerzo Positivo
Muchas veces estos niños escuchan durante todo el día:
“Concéntrate.”
“Quédate quieto.”
“¿Otra vez lo olvidaste?”
Pero también necesitan saber cuándo están avanzando.
Ese dibujo te quedó excelente. o Mira que bien organizaste tu habitación sin que tuviera que recordártelo.
Así le ayudas a reconocer la conducta que queremos fortalecer.
Una idea importante para recordar
A veces, detrás de un niño que parece desorganizado, impulsivo o “poco interesado” hay un niño que lleva mucho tiempo intentando funcionar con herramientas que todavía no domina.
Cuando comprendemos cómo funciona su cerebro, podemos dejar de luchar únicamente contra la conducta y empezar a enseñarle estrategias para manejarla.
¿Cuándo es recomendable consultar?
Si las dificultades de atención, organización, impulsividad, aprendizaje o regulación emocional aparecen de manera frecuente y están afectando su desempeño escolar, sus relaciones, su autoestima o la convivencia familiar, puede ser momento de buscar orientación profesional.
En Avanza Neuropsicología realizamos evaluaciones neuropsicológicas infantiles orientadas a comprender el perfil cognitivo, académico, conductual y emocional de cada niño.
Estamos para acompañarte a entender sus necesidades, reconocer sus fortalezas y ayudarlo a avanzar.
Autora: Angélica Cuns
Neuropsicóloga